De la experiencia musical

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De la experiencia musical

Mensaje  Damablanca el Sáb Nov 09, 2013 4:47 pm

Cuando la música despierta a la vida y viceversa.
 

¿En qué momento la vida empieza a cobrar música? Imagino que la experiencia es distinta para cada compositor, aunque parecida, teniendo en cuenta que todos confluyen en “carne y espíritu humanos” y que el nivel de vibración sensible para cada cual puede ser distinto, pero encaminado a la misma “onda”, de ahí que algunos seres compongan música y otros la escuchen. En realidad el proceso es idéntico, sucede únicamente que el compositor “oye” musicalmente las imágenes y vivencias. La música es un fenómeno físico y al mismo tiempo espiritual y ambos se vinculan uno con otro  en la imaginación. Sensaciones que se vuelcan en música y a veces también en palabras, como es el caso de quien compone también la letra.  A veces pueden surgir al unísono, a veces cada una por su lado hasta que  encuentran el perfecto ensamblaje.  

La contemplación del mundo circundante y su versión musical pueden surgir en el compositor a edad muy temprana, en la infancia, o “incubarse” durante un tiempo y aparecer en la adolescencia o en la primera juventud. También se da el caso de músicos tardíos, pero eso es menos común. En todo caso, de todas las artes, la música es la más “viva”, puesto que no se puede plasmar en pintura o en escultura o en la simple escritura, sino que precisa de ejecutantes. Es un arte que va directamente de quien lo practica a quien lo comparte y en cada ejecución, la música suena diferente, aunque sea por mínimas diferencias. Estamos acostumbrados a las grabaciones y deberíamos tener en cuenta que “eso” es sólo una versión. Supongo que estarán de acuerdo conmigo en que una melodía escuchada varias veces en directo y en versión del mismo intérprete, nunca resulta “idéntica”, pues  la capacidad de comunicación del ejecutante depende de muchos factores, desde que tenga un “buen día” hasta del tipo de público que asista, que a veces crea un vínculo especial con quien está en escena y otras más lejano, algo que influye en el artista, sin duda,  con lo que el resultado final depende  de ambas partes. La música es un arte compartido “en vivo”, de ahí su fuerza de captación. En cierto modo (y no poco importante) el público es copartícipe de esa formulación artística, interactúa, cohíbe o apoya al músico, le anima o le desanima, le encumbra o le hunde (veleidades caprichosas del éxito) y al cabo la música abraza y embriaga a todos por igual.

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