El Pecado de Ser Mujer

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El Pecado de Ser Mujer

Mensaje  Ety el Vie Dic 25, 2009 7:27 pm

La ‘Madre Refrigeradora’: El ‘pecado’ de ser mujer, y el autismo infantil…

Felix Larocca

El pecado original, en algunas religiones, es haber nacido hembra, así lo dice San Pablo en una de sus epístolas, como también lo dice San Agustín en sus Confesiones.

Los hombres, envidian tanto a la mujer, que no pueden evitar su vilipendio en toda ocasión posible.

Para confirmar lo antedicho, no confío en la opinión de seres allegados, como son nuestros hijos, sus cónyuges, nuestros amigos cercanos y su prole,
confío en el conocimiento histórico que derivamos del hombre, como género, en todos los aspectos de la hegemonía que su sexo pretende tener en la diferencia entre los sexos (si es que alguna diferencia, en realidad, existe).


La mujer frente al hombre: [Ella] debe de mantener la boca callada’, dice el apóstol San Pablo.

La mujer, es la culpable de todas las tragedias que la humanidad sufre, ha sufrido, y sufrirá, de acuerdo a ciertos teólogos y filósofos.

Por ejemplo, en la Biblia cristiana, Eva fue creada, como ser inferior en inteligencia, después que Dios creara a Adán.

Nació de su costilla…

¿Por qué no nació de algún órgano más importante, como sería el cerebro?

Entonces, la pobre estúpida e irresponsable mujer, que, colectivamente, representa a todas nuestras madres, decide que una serpiente, carente de los órganos del habla, pueda tentarla a comer una manzana para ofender a un Dios que, podría haberse beneficiado — entonces, como ahora — de una dosis apropiada de alguna fenotiazina.

En tiempos recientes, la prensa ha reportado el ataque horripilante contra dos niñas de Afganistán, quienes, camino a su escuela fueron desfiguradas
execrablemente, por medio de ácido, arrojado en sus caras, por fanáticos de las fuerzas del talibán.


Su crimen: aspirar a una educación.

De acuerdo al talibán las mujeres no tienen razón para ir al colegio, ser vistas o ser escuchadas.

Para los ideólogos enfermizos del talibán, sus planes — donde quieran que ellos residan — es subyugar y denigrar la mujer, a quienes, obvia y justificablemente temen, por ser superiores a ellos, en todos los aspectos posibles.

Bajo el dominio del talibán las mujeres no pueden trabajar fuera de su hogar, ir a la escuela, dejar su casa sin un chaperón, tomar un autobús o viajar en un taxi.

Para ellas, infracciones banales, como exponer el tobillo, son castigadas por azotainas públicas.

Violaciones más serias, como es el adulterio, constituyen crímenes capitales para los que las sentencias son la muerte por la horca o el apedreamiento.

En mi opinión, la misoginia es tan — pero, tan — arraigada en nuestra especie, por razones de conveniencia.

A algunos varones les molesta saber que las hembras pueden ser superiores a ellos.

La discriminación contra la mujer es más diseminada de lo que sabemos.

Se oculta bajo cubierta filosófica en el dogma de muchas religiones, incluyendo muchas de las sectas protestantes, del catolicismo institucionalizado, del islam y del judaísmo.

Está aparentemente ausente en la mayoría de las religiones africanas, y asimismo no se encuentra en los rituales santeristas haitianos y de Cuba.

En Haití, el ‘papa bocó’ comparte el trono litúrgico con su ‘mama lua’.

Por el hecho de tener períodos menstruales y, por dar nacimiento a su prole dentro de un manantial de sangre, los patriarcas de las iglesias originadas en — las misóginas — tradiciones judeocristianas y musulmanes prohibieron a la
mujer el acceso a sus templos o le prohibieron acceso a sus altares.


Quizás, para recordarles de su ‘falta original’ por ser esencialmente, en la opinión de ellos, seres sexualmente irrefrenables.

En el Tora, en el Corán, en nuestra Biblia, y en las tradiciones homéricas helénicas, son pocas las mujeres cuyos actos fueran considerados dechados de heroísmo, aunque todos recordamos el denuedo y el arrojo incontenible conque las hembras de muchas especies defienden sus crías — la nuestra entre ellas.

En el Viejo Testamento historias abundan de mujeres siendo vendidas como esclavas o de ser arreadas como si fueran reses para ser objeto del mercadeo del hombre.

No importa lo mucho que Jesús y algunos de sus apóstoles, durante sus vidas, hicieran, para cambiar el sistema opresivo judaico. Los llamados ‘Padres de la Iglesia’, encabezados por San Agustín se empecinaron más adelante, en hacer todo lo posible para vilificar el sexo femenino, al que, algunos de ellos despreciaran en público mientras disfrutaran, dentro de la
concupiscencia sibarita, en privado.


Sin ir muy lejos, en la estirpe del Papa Alejandro VI, tenemos ejemplos absurdos de los excesos impíos de los ocupantes del trono de San Pedro.

En los años tempranos de la Iglesia, los gnósticos y los esenios introdujeron sus ideas misóginas, las cuales fueron adoptadas a pies juntillas por un
sacerdocio fanático, ansioso de no escatimar esfuerzo alguno en
marginalizar y denigrar el sexo femenino.


Para muchos filósofos religiosos, como Tomás de Aquino, las relaciones sexuales eran impías y, si no fuera por la razón de procrear descendientes, eran pecaminosas.

Los hombres, por doquiera, históricamente, han entendido, con desasosiego la importancia biológica de la mujer, y esto les causa molestia.

Es muy bueno, para los talibanes, poder negar a las niñas acceso a las escuelas en Afganistán, exigir que mantengan sus caras cubiertas, y apedrearlas, si sus tobillos pueden ser vistos por los ojos lascivos de los varones, a quienes deben jurar sumisión total.

Mientras ellos condonan el matrimonio entre ancianos y niñas prepubescentes.

El control sexual, como Umberto Eco representa en su novela cinematográfica El Nombre de la Rosa, es uno de los medios más eficientes utilizados por algunas — sino todas — las iglesias para controlar el pensamiento y esclavizar sus prosélitos.

El ex presidente Jimmy Carter, lo expresa de manera elegante y elocuente cuando, después de décadas de pertenecer a la misma iglesia Bautista, da — en parte, como razón para renunciarla — las palabras que siguen:

‘En su modo más repugnante, la creencia de que la mujer debe de ser subyugada a los deseos del hombre sirve para excusar la esclavitud, la violencia, la mutilación genital, y para justificar leyes que condonan el estupro como si no fuera un crimen.

‘Pero, que asimismo priva a millones de mujeres de todas las edades de control alguno sobre sus cuerpos y sus vidas. Mientras continúa negándoles
acceso justo a la educación, sistemas de salud y empleo, o de influencia dentro de los asuntos de las comunidades donde viven’.


Hemos hecho progreso, pero no tanto se ha hecho.

Hemos visto los atuendos islámicos caer al suelo en las calles de Teherán, como hemos visto mujeres heroicas siendo abatidas por las balas disparadas por los esbirros de los líderes religiosos, cuya víctima más triste fue la
heroína Neda Agha-Soltan-


Y todo, para algunos, se origina en la leyenda de Eva, la primera entre las mujeres que tuvo el coraje de cuestionar la palabra de la autoridad.

¿Por qué el autismo en esta entrada?

Durante mi entrenamiento en el Instituto para el Psicoanálisis de Chicago, uno de mis profesores más inspiradores fue el Dr. Arnold Goldberg.

En una ocasión, mientras hacía referencia a la proclividad del psicoanálisis, de entonces, de culpar a las madres por las neurosis de sus hijos, nos
dijo bromeando, (quizás no fuera bromeando) que en las únicas
conferencias del mundo, donde la mención de la palabra ‘madre’ produce
abucheos son en las de los psicoanalistas.


Para destacar la virulencia de la madre, el ‘padre’ del autismo, Leo Kanner, se refirió a la madre Frigidaire.

En esta fecha se conmemora el nacimiento de Cristo y en su honor — ya que Jesús no era sexista —reproducimos la imagen de un mártir, caído por los derechos de todos.

Imagen:

Neda Agha-Soltan.
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