... con el corazón del mar

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  encarna el Lun Dic 29, 2008 12:48 pm

Querida Aktea Wink


Fuerza y ánimos para seguir adelante es lo que te deseo de todo corazón
I love you , hay que pasar el proceso de duelo, todas las "pérdidas" significan un cambio , una ruptura, difícil cuando es reciente pero (y por experiencia lo digo), es bien cierto que con voluntad el tiempo "lo cura todo", o "casi todo" Rolling Eyes

Cuando puedas empezar a ver las cosas "desde fuera", con objetividad como bien dice Dama, empezarás a sentirte mejor


MUCHOS BESOS, AQUI ESTOY/ESTAMOS AMIGA flower



Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.


Poemas de Jorge Luis Borges
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Mar Ene 20, 2009 5:03 pm

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Gracias, amigas!! Repito que son un sol sunny
Qué poema tan bello, de verdad que me inspiró mucho.
Este mes he estado retocando el librito que ya conocéis porque voy a probar suerte en un concurso a ver qué dice un jurado. Si sale algún premio, bienvenido será, y si no al menos lo tengo ultimado para llevarlo por las editoriales a ver si alguna se anima.
Les dejo con el último, un pequeño juego de símbolos que escribí el domingo, mientras las nenas jugaban en un parque.
Como siempre, un abrazo gigante que nunca acabe



Dolor indefinido:


Pasos a nivel con barreras.

Direcciones prohibidas.

Callejones sin salida...


Curvas peligrosas.

Badenes.

Radares...


Túneles.

Límites.

Semáforos

en ámbar...


Estrechamiento de la vía
y todos los Ceda el Paso por aquí.

¡STOP!

Peligro por desprendimientos...








Última edición por Aktea el Mar Ene 20, 2009 5:21 pm, editado 1 vez
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Ety el Mar Ene 20, 2009 5:07 pm

Aktea, que bueno que estás de vuelta, te extrañamos, espero que todo esté bien.

Que interesante trabajo hiciste con estas frases, me hiciste pensar en muchas cosas.

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Mar Ene 20, 2009 5:42 pm

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Gracias, Ety, por tu comentario a ese poema que habla de las crisis, y también por preocuparte en lo personal.
Por acá las cosas andan más o menos igual pero yo me encuentro mucho mejor, más relajada al menos, por cierto que un día tengo que contarles este culebrón a ver qué opinan ustedes, no sé en qué apartado, quizás en el del amor... ¿se acuerdan? Wink
Lo cierto es que yo también las he extrañado mucho durante las últimas y megaliadas semanas (con cambio de isla incluida para visitar a la familia) aunque siempre estén conmigo y las recuerde mucho, y especialmente, y esto es muy especial, cuando veo algo bello, un poema lindo, una película interesante, una anécdota emocionante, una noticia de esperanza... Gracias amigas por compartir tanto!!!!

Borbotones de abrazos, como de una fuente gigante que brotara desde esta isla hacia todo el mundo

Les quiere mucho
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Mar Ene 20, 2009 11:22 pm

Aktea, estupendo que estés de regreso.

Nos tenías preocupadas. Shocked

Echábamos de menos tus intervenciones, tu lírica, las canciones...

Besos y que todo vaya bien.

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Lun Ene 26, 2009 3:25 pm

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Gracias Dama, la verdad es que tanto lío que los mensajes se acumularon por cientos y vi antes este post que tu correo preocupándote por mi, gracias otra vez por ser así de atenta y por tanto cariño siempre, un abrazo muy fuerte, amiga.

La vida sigue, gracias a la vida... y aunque las cosas no sean como deseemos qué bueno es aprender de cada desencanto y aprovecharlo para crecer siempre.

Hoy, para variar Wink, les dejo con otro poema, ahora de desamor... Un jueguecito de palabras que ayuda a quitar el dramatismo y a enfocar las cosas con optimismo, dentro de los que cabe!Rolling Eyes
Espero que les guste



Con penas pero con gloria:


A trancas y barrancas,

este trabatrancas
de trinques y retrinques,

que se trunca
como un tronco arretranco,

arrebato en que me bato
y arrepiento,

rebujato en que reviento

tu viento, sin tiento,

y me bebo tu vetos
sin votos,

esperpento tonto,
en que me espanto...

y rescato mi aliento
de monte
que ya no miente,

mi manta,

mi mente,

mi menta despierta,
de puertas abiertas,

que no te siente

que se resiente

que no es santa

y te desmonta
de su zanco,

y se desbanca
sin ahínco,

de un brinco

o de cinco...

resistiéndose.



Abrazos que nunca acaben



Última edición por Aktea el Mar Ene 27, 2009 2:58 am, editado 2 veces
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Lun Ene 26, 2009 7:36 pm

Así es la vida, Aktea, a trancas y barrancas muchas veces.

Lo importante es seguir adelante y que el cielo no caiga sobre nuestras cabezas.

Mil gracias por tus versos.

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Mar Ene 27, 2009 3:11 pm

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Un cuentito, para variar... Wink

"... como la una"

Harta de andar sola, un día la Una se escapó de la esfera ovalada del reloj de leontina.

Atravesó el cristal traslúcido no sin cierta dificultad, especialmente al tratar de pasar su picuda cabeza por entre aquellos barrotes invisibles de átomos de vidrio, y respiró al viento libre, fuera por fin de aquel mecanismo aprisionado de resortes y ruedecillas dentadas...

Nadie la echó de menos al principio, cuando sonaron las y media, y luego llegaron las dos y las tres...
Pero cuando llegó su tiempo, tras la multitud de las doce, y se iba a hacer su hora... de repente fue el silencio,
el vacío absoluto y doloroso de una muela recién extraída.

La Una ya no estaba, se había marchado dando saltitos a su pata coja, dejando en el suelo polvoriento un rastro de puntos suspensivos...

dentro de un reloj de arena.

scratch

Abrazos que no acaben nunca


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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Mar Ene 27, 2009 7:02 pm

Precioso cuento, Aktea.

Gracias Very Happy

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Miér Ene 28, 2009 2:11 pm

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Gracias Dama, celebro que te guste, lo cierto es que ahora me estoy dedicando también a escribir cuentitos y relatos cortos para seguir desarrollando esta vocación que siempre he tenido de escribir.
Ayer, precisamente, empleé gran arte del día en escribir un cuento que quiero presentar a un concurso de cuentos juveniles (enfocados a lectores de entre 10 y 14 años) y que se está convocando por estas tierras. A mi a historia me parece entretenida y muy educativa, pero no sé si quizás me he pasado con el nivel del lenguaje. Me encantaría que me dierais vuestra opinión antes de presentarlo definitivamente la próxima semana. Es un poco largo quizás, pero la extensión es la que piden en el concurso y he tenido que alargar un poquitín más el argumento con detalles que espero que no resulten aburridos o fuera de lugar. Ya me direis cómo lo veis, ¡qué emoción! bounce

Ahí va esta otra historia de


Mala pata




La araña Mema, como todas las arañas normales y de buena familia, había nacido con ocho patas muy finas y ligeras. Las suyas eran un auténtico modelo de elegancia natural, negras, largas y brillantes, perfectamente diseñadas para hacerla llegar a los lugares más recónditos, hasta los aleros de los tejados más altos e incluso agarrarse sobre las paredes más lisas. Sin embargo, la araña Mema, en la flor de su pubertad, se sentía enormemente desdichada con su octopedia, aquellas ocho patitas lustrosas y polivalentes eran, al contrario de lo que cabría pensarse, su mayor motivo de infelicidad.

La razón no podía ser de lo más procaz. Ella estudiaba en la escuela de los jóvenes artrópodos terrestres, un instituto mixto que compartían, con el objeto de ahorrar costos en educación, arácnidos e insectos de todas las clases bajo el compromiso insoslayable del respeto mutuo absoluto, y empezando por la norma básica de convivencia de no comerse los unos a los otros, a la que no convenía desobedecer teniendo como directora, como aquel centro tenía, a una mantis cuya voracidad violenta, y apenas religiosamente contenida, podía adivinarse detrás de sus fríos ojos compuestos, de visión estereoscópica, que parecían no perderse ni un detalle. En el instituto mixto, la mayoría de las chicas, libélulas, polillas, moscas y mosquitas, mariquitas, avispas, e incluso hasta las simples hormigas de lo más común, tenían seis patas y, por ello, los modelos de zapatos de tres pares eran los más numerosos y variados en las zapaterías de la gran ciudad, los que lucían los mejores y más espectaculares diseños. Lo mismo sucedía con el infinito mundo de la ropa y del buen vestir que, a esas edades del mariposeo y del cortejo por excelencia, parecían cobrar una importancia crucial.

Mema quería ser como aquellas chicas y envidiaba secretamente aquella simetría de pies de tres en tres, que se le antojaba más esbelta y funcional. Por la misma regla de pies, ni qué decir tiene el asco irreverente que llegaba a sentir por sus primos los ciempiés, que le parecían absolutamente grotescos y dignos de la mayor lástima cada vez que tenían que quitar o ponerse sus cincuenta pares de zapatillas por cualquier motivo. Y no hablemos de los milpiés, ¿se imaginan?. “¡Qué horror!”, pensaba Mema, “¿y si encima les huelen los pies? ¡Tiene que ser la peor pesadilla!”. “¡Y no hablemos de la depilación! ¡Pobrecillas, tienen que pasarlo fatal!”, seguía discurriendo la joven araña, contentándose al menos de tener sólo ocho patas, y no dos ristras abigarradas saliéndoles de cada lado del abdomen.

El complejo de Mema, no obstante, lejos de ser superado fue aumentando con el tiempo y a un ritmo mucho mayor del que le iban creciendo las propias extremidades objeto de su infortunio. Aunque ella se esforzaba tratando de ocultar sus patas, y especialmente cuando pasaba delante de los moscardones más guapos del colegio, a menudo trastabillaba por los nervios, ganándose poco a poco cierta fama de patosa que no hacía sino incrementar su vergüenza y sentido del ridículo, sentido que si bien no llega a ser tan acusado como el de las moscas (que se mosquean a la primera de cambio y se van zumbando), en las arañas es ciertamente también muy elevado y, como sabe todo el mundo, particularmente en las más venenosas, con las que hay que tener siempre, simultáneamente y aunque parezca una paradoja, el mayor de los cuidados y el menor tacto posible. Pero nuestra Mema no era de ésas, pertenecía a una de las 38.000 especies inofensivas para los seres humanos descritas hasta la fecha, las realmente peligrosas son sólo una docena, y, como araña tranquila que era y aun adolescente, se limitaba a practicar el arte del camuflaje, en el que sí era experta por naturaleza, y a esconderse en los últimos asientos de la clase, buscando la mayor invisibilidad y anonimato posibles sin mayor pretensión que la de pasar absolutamente desapercibida. Así, poco a poco, la joven araña fue tejiendo a su alrededor una tela finísima, con la que se iba aislando, cada vez más, en un mundo egocéntrico de comparaciones frustrantes que casi siempre le dejaban, entre las mandíbulas, aquel regusto amargo de quienes se sienten en desgracia.

Así de mal le iban las cosas a Mema cuando una tarde, después de sus clases, estaba leyendo las revistas de moda y apareció ante sus cuatro pares de ojos simples un anuncio publicitario que la dejó más patidifusa que nunca. De hecho tuvo que frotarse un par de veces sus ocelos negros con los pedipalpos nerviosos para poder creerse realmente lo que estaban leyendo. ¡Era posible una operación de cirugía estética! ¡Podría extirparse, si así lo deseaba, y por un precio quizás no módico pero seguramente tampoco exorbitante, las dos patas que menos le gustaran! A Mema se le antojaba la mejor noticia de su vida y desde ese mismo instante abrigó, en lo más profundo de su diminuto y negro corazoncito de araña, la firme decisión de trabajar sin descanso hasta lograr el dinero suficiente para costearse la intervención quirúrgica y alcanzar, por fin, su sueño dorado de tener seis patas, como la mayoría de las artrópodas de su colegio.

Aquel verano, y también el otoño y casi todo el año siguiente, Mema trabajó muy duro llegando incluso a abandonar sus estudios para dedicarse por completo a su única prioridad. Los días enteros se pasaba tejiendo y tejiendo bufandas, guantes y todo tipo de patifacturas para vender en el invierno y obtener el dinero que necesitaba para la operación. Como trabajaba de forma artesanal, en su propia tela, no sacaba mucho y por eso se apuntó en todas las bolsas de trabajo de las industrias textiles de la zona, para ofrecer sus servicios especializados cuando así lo necesitaran a cambio de un salario, que podía considerarse más que digno para una araña de su corta edad y cualificación. Aquellos empleos eran, en realidad, los más perseguidos en una charca ultraperiférica y con tan escasos recursos como aquélla en la que se encontraba Mema, de forma que hubo de contentarse con seguir trabajando como autónoma y someterse durante meses y meses a todo tipo de privaciones y sacrificios para poder lograr su ansiado objetivo. Cegada en su afán, Mema no supo de las primeras gotas que refrescaron el bosque después del verano y que promovieron alucinantes festivales de heavy metal de ranas y cigarras, ni de las primeras nieblas aliadas que permitieron jugar al escondite a todos los enamorados, que aprovechaban para besarse a hurtadillas bajo las hojas caídas, cuando llegó el otoño, ni de las tertulias animadas en los troncos de moda cuando llegaron las tormentas del invierno.

Por los barrancos del cansancio, los montes siempre parecen más altos, y a veces a Mema, aislada del mundo en su esclavitud voluntaria, le parecía que nunca iba a alcanzar su meta. Sin embargo, y como rezaba el refrán de que el parecer no es cosa cierta, llegó el día en que, después de vender tres ovillos de su hilo más fino y justo cuando más exhausta se sentía, al fin reunió todo el capital necesario para llevar a cabo su soñada metamorfosis. El precio de la operación, al final, absolutamente lejos de lo módico, rallaba el puro abuso, pero Mema consideró que, como sería sólo una vez en la vida y vida a ciencia cierta no había más que una, bien era merecido todo el sacrificio, así que no se lo pensó dos veces más y cogió el teléfono para concertar una cita. La araña Mema se operó finalmente un viernes trece de febrero y sus dos patitas más finas y ligeras, más negras y brillantes, cayeron al suelo como las ramas muertas de los árboles…

Ni qué decirse tiene que tendría que tirar todos sus vestidos y pantalones de ocho mangas y gastarse otro dineral considerable para renovar su armario, pero a Mema no parecían importarle las deudas, absorta como estaba en la contemplación de sus seis pantuflas nuevas de mopa blanca… Lo peor vino después, cuando pasó la convalecencia del postoperatorio y tuvo que volver a la rutina cotidiana y a caminar de nuevo. Fue entonces cuando descubrió lo complicado que se le hacía ahora no perder el equilibrio con menos puntos de apoyo y las agujetas enormes de las seis patas restantes, que ahora tenían que hacer el trabajo de ocho para mantener en pie aquel redondo tórax cada vez ancho y abultado. No quería ni pensar lo que le pasaría cuando quedara en estado de miles de huevecillos y se le hincharan los pies, como parecía que le pasaba a todas las embarazadas… Ya se las apañaría entonces, pensó Mema para consolarse, “¡No pondré el escarabajo pelotero delante del estiércol!”, y en menos que canta un grillo cambió su pensamiento de tema para no empañar la satisfacción de haber realizado su proyecto, si bien, en el fondo de sus contadas neuronas, ella misma era consciente ya de que una pequeña sombra de arrepentimiento empezaba a centrifugar y machacar dolorosamente su orgullo más negro.

El arrepentimiento total le llegó no mucho más tarde, y donde más le dolía, medio arruinada como se encontraba siendo aun tan joven y además en el paro. El suceso se produjo justo cuando la llamaron de una de aquellas bolsas de trabajo en las que se había apuntado para trabajar como operaria tejedora en la fábrica más “fashion” de la comarca. Sucedió entonces que, a pesar de todas sus ilusiones, no hubo modo arácnido alguno, ni manga de tela que le valiera, para que pudiera conseguir aquella tan deseada plaza de enorme estabilidad laboral y gran proyección profesional con la que siempre había soñado desde pequeña. El día de las pruebas de selección de personal, de todo el pabellón de las arañas, Mema no pudo evitar ser siempre las más lenta tejiendo.
Como era de esperar, otra araña logró el puesto de trabajo y aquella tarde de lluvia, si alguien hubiese estado mirando, habría contemplado el patético espectáculo de una araña maltrecha cojeando de seis zapatitos blancos de regreso a su tela, mordiéndose de rabia los quelíceros y con más cara de mema que nunca.



Shocked


Moraleja:

La peor mala pata
es la que nos labramos nosotros mismos


silent





Abrazos que nunca acaben



Última edición por Aktea el Jue Ene 29, 2009 12:44 am, editado 2 veces
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Miér Ene 28, 2009 4:12 pm

Bonita moraleja la del cuento, que por cierto, es precioso.

Tenemos que aceptarnos como somos.

Muchas gracias por este relato, Aktea, muy bonito y muy bien escrito.

Besos,
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Mar Feb 03, 2009 2:57 pm

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Muchas gracias, Dama, la verdad es que al final tuve que añadir otro párrafo al cuento porque a la gente no le gustaba el final, la pobre Texe incluso se emocionó cuando acabé de leérselo y otro amigo me enseñó que al menos Mema no había perdido la cabeza, lo más importante... Wink En fin, ya veremos qué tal sigue evolucionando esta historia...
De momento les dejo con otro poemita reciente, espero que es guste...


En positivo




Imposible resistir...

Luna, que me llenas de mareas espumosas,
y Sol, que me abrazas de viva luz.

Astro, rebelde, anudando mis ojos al cielo
en tu rabo de cometa de agua.

Vía Láctea, donde mis planetas errantes
hallan su rumbo de elipses infinitas,

su cosmos cuajado de ultravioletas.

Estrella de días de mis noches.

Uni-verso que me reanimas.



Última edición por Aktea el Miér Feb 04, 2009 12:51 am, editado 2 veces
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Mar Feb 03, 2009 9:06 pm

¡Vaya Aktea!
Ya te estaba echando de menos.
Me gustan tus poemas, pero también tus cuentos.
No los olvides...

Un abrazo,
Damablanca.
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Jue Feb 05, 2009 1:14 am

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Oído cocina!!
Tanto ánimo me diste, Damablanca, que hoy escribí este relato corto que aprovecharé para presentar a otro premio (¡cómo se nota que estamos en crisis y hay muchas ganas de escribir! Wink No creo que saque nada porque es quizás un poco dramático pero lo cierto es que sólo busco provocar la reflexión crítica sobre el mundo loco que nos rodea y seguir practicando como escritora.
Quisiera dedicárselo con mucho cariño a nuestra querida Ety, por el enorme valor de su trabajo que, me consta, ayuda a mucha gente, y que, como plasmo en el relato, en algunos casos tienen también, desgraciadamente, peligrosos efectos secundarios. Una parte, la inspiradora, ya la conocen quienes sigan este rinconcito, y el resto me salió todo hoy, casi que de carrerilla. Espero que les resulte de interés...


Las metafísicas de la manada

(relato encadenado en cinco actos)





I.- en el sumidero del hogar



Fue su mirada la primera en quedar atrapada por el movimiento espiral de las burbujas en el sumidero. Al comienzo despacio, como un atasco que empezó a circular justo cuando sacó el tapón, y después cada vez más animadamente, a medida que se acercaba al límite de ese vórtice, que ruge cuando se mezcla con el vacío… “¿Qué habrá más allá?” –pensó- “¿A qué muerte llevará esa corriente?”
Y entonces fue su mente la que quedó también atrapada por el magnetismo irresistible de aquel agujero negro, con el que de alguna forma se identificaba…

De pronto pensó que también su vida era como la de una de aquellas burbujas arrastrada por la inercia de aun no sabía qué oscuras fuerzas y, el sólo pensamiento de una certeza tan abarrotada de cadenas invisibles, condujo esta vez su cuerpo entero adentro de una de aquellas medias pompas que, aplastadas contra el agua, flotaban en espiral, dando vueltas y vueltas con un alcance cada vez más limitado, hasta ser completamente absorbidas y desaparecer, si antes no explotaban, como muchas hacían, ante aquel paulatino aprisionamiento.

Sobre un mar de espumas jabonosas y otros restos de objetos flotantes no identificados, se sintió girar como en una perfecta noria menguante cada vez más vertiginosa. El mundo, a través de la película irisada y transparente de una burbuja presa de un fregadero gris, se veía monótono y deformado, y también metódicamente cruel, dominado por el peso de los objetos más grandes; pero a la vez, absurda y ciegamente solidario, nadando todos en las mismas aguas y cayendo por el mismo hueco, en ese instinto irrefrenable de llenar ese vacío que dejaron quienes cayeron antes…

Ella, sin embargo, optó por romper su pompa y se marchó nadando con todas sus fuerzas contra la sucia corriente...



II.- en la prisión del horario



El mismo día, y harta ya de andar sola, otra Una se escapó de la esfera ovalada de un reloj de leontina. Atravesó con pulcro cuidado el cristal traslúcido, no sin cierta dificultad, especialmente al tratar de pasar su picuda cabeza por entre aquellos barrotes invisibles de átomos de vidrio, y respiró al viento libre, fuera por fin de aquel mecanismo aprisionado de resortes y ruedecillas dentadas.

Nadie la echó de menos al principio, cuando sonaron las y media, y luego llegaron las dos y las tres... Pero cuando llegó su tiempo, tras la multitud de las doce, y al fin se iba a hacer su hora, de repente fue el silencio, el vacío absoluto y doloroso de una muela recién extraída…

La Una ya no estaba, se había marchado dando saltitos a su pata coja, dejando en el suelo polvoriento un rastro de puntos suspensivos... dentro de un reloj de arena.




III.- en el trabajo enajenado



En cercanas arenas movedizas se despertó a esa misma hora de la sobremesa sobresaltada, otra conciencia aturdida. Lo primero que hizo fue sacar su blog de cuadritos y comenzar a desahogarse escribiendo…

“Querida Quien seas:

Hoy me pasó algo extraño y tengo que contárselo a alguien, aunque quizás sólo sea, como casi siempre, a mí misma. Las palabras luchan, y salen atropellándose en letras urgentes, porque es la única manera que conozco de ordenar mis sentimientos y, a menudo como ahora mismo, cojo cualquier bolígrafo de los que siempre me acompañan, y trato de poner en orden mi alma y someter a todas esas moscas que me revolotean por la cabeza. Quizás sea triste reconocerlo, pero lo cierto es que papelitos de todos los colores y texturas, como éste mismo, a cuadritos, que ahora parece como si quisiera enjaular entre sus prisiones todo lo que escribo, siempre fueron mis más fieles confidentes, los únicos…

Pero hoy presiento que va a ser más difícil cuando ni yo misma entiendo bien lo que me está pasando… En fin… Hoy, yendo directo al grano, me siento literalmente en el cuerpo de una extraña. En serio, me desperté y fui, como de costumbre, a lavarme la cara y los pesados ojos pintados de sueño, cuando, al alzar la mirada, allí estaba, observándome con la misma expresión atónita que también ella me inspiró a mí de inmediato. No me pareció ni fea ni guapa, pero la noté cansada, como con ojeras en las ganas, tratando de decidir la acción siguiente que diera comienzo a otro día…

Pero fue un segundo tan sólo, el suficiente para que pusiera en marcha lo que parecía su rutina cotidiana, abrir el grifo de la ducha y poner el tapón de la bañera para no desperdiciar ni una sola gota de la carísima agua que salía por la vieja cañería. Entonces, su cuerpo se giró, conmigo dentro, y empezó a desvestirse, metódicamente pero sin pausa, desnudando primero unos pies calientes y huesudos, del 37, y unas piernecillas pálidas y frioleras con su piel de gallina. Las tangas diminutas, de un azul intenso como el de la mar, siguieron en el ritual a los calcetines blancos y el resto de la ropa y, después, el cuerpo se metió en la bañera y dejó correr el agua sobre la espalda, bien formada, seguro que a golpe de mucho deporte, y el pecho todavía firme en su reto a la gravedad, durante unos largos minutos en los que pareció desconectarse. Yo pude sentir el frío primero y luego el calor y la suavidad del albornoz, pero aquellas manos y piernas, aquel cuerpo que hacía lo que parecía que había que hacer, ¡no eran los míos!

El pánico entonces, después de los primeros minutos atónitos de desconcierto, me paralizó dentro de aquella coraza ajena y ella también pareció sentirlo porque se detuvo otro instante y juro que hasta casi pude sentir sus dudas, y cómo se acercaba la mano al pecho desnudo, suavemente, como preguntándome.

Yo traté de explicarle con todas mis fuerzas, y le grité y grité durante minutos casi infinitos que me parecieron semanas, pero no parecía reaccionar. No sé ni cuántas pataletas mentales me di contra el suelo duro de mi propia impotencia, ni cuántos alaridos mudos de terror me brotaron de la conciencia tratando de abrir una grieta en la pesadilla y salir de lo que sin duda es, ahora lo sé, la experiencia más terrible que puede sentir un individuo, la pérdida de todo sentido de la identidad, de toda libertad posible…

El hecho es que, por más que lo intenté, y aunque me cansé de puro agotamiento, todavía no he conseguido superar esta locura y cada vez que abro mis ojos, y miro por los suyos pardos, me sigo encontrando en un mundo absolutamente ajeno, como una autómata que es vestida con otras ropas y calzada con otros zapatos, que es movilizada con paso dubitativo hacia un coche desconocido, y dirigida a un puesto de trabajo completamente extraño para saludar a unos colegas absolutamente hostiles, encerrarme en una oficina monocroma y encender un ordenador gris, escoltado por tristes cactus descoloridos.

Después de poner una música de fondo, que sí me resulta muy familiar, y sacar un viejo blog de notas a cuadritos, a veces, como ahora, se me queda como desconectada otra vez, como esperando entender también en su ausencia, algo de todo esto que aun no sé bien a quién diablos le estoy contando…

A fin de cuentas, y esta pregunta vuelve una y otra vez a mi mente atormentada desde esta mañana, ¿en qué clase de extraños nos convertimos a nosotros mismos cuando nunca somos como queremos?





IV en la consulta especializada



Sucedió aquella misma tarde que, en un céntrico rincón de la gran ciudad, sobre el mismo mullido y desgastado sofá, coincidieron, más por causalidad que por casualidad, tres prófugas de sus respectivas cárceles particulares. Una, cojita, movía su único pie nervioso en la larga espera, temiendo que el piso se le hundiera bajo su escuálido peso de pluma; otra, con cara de superviviente del Titanic, seguía con la mirada hipnótica el ascenso de las burbujas en la pecera tropical de la salita rosada; y la tercera, aferrada a un blog de notas completamente emborronado y atestado de marcaciones casi ininteligibles, escribía y escribía sin parar, huyendo mirarse en todos los reflejos.

Sucedió también que, como la psicóloga se retrasaba, aquellas mujeres empezaron, inconscientemente, una terapia colectiva en la que descubrieron cómo tenían muchas más cosas en común de las que jamás habrían imaginado a priori, mirándose entre sí tan distintas como ellas se veían externamente. El misterio se hizo incluso mayor cuando, después de cotejar las fechas de sus respectivas “crisis de nervios”, descubrieron que todas habían sido aquel mismo día, extrañísimo 29 de febrero de no importa ahora qué cercano año bisiesto, ¡y casi secuenciadamente!

“Debe ser una epidemia”, dijo la Una con toda su simpleza. “Sí, será eso, - repuso la que más se parecía a la típica ama de casa- el virus mortal del aburrimiento, ¡yo casi hasta me suicidé esta mañana cuando acabé de fregar la loza por enésima vez! Pensé que quizás era mejor dejarse caer también por el sumidero y llegué incluso hasta a acariciar con cariño el cuchillo… Suerte que me acordé que tenía que recoger mi reloj averiado y pensé que era muy triste que un reloj sobreviviese a su dueña”. “Es curioso, -intervino la que más parecía la típica secretaria- a mí también se me averió el reloj esta mañana, no sabía qué hora era y quizás por eso me pareció como si el tiempo pasase más endiabladamente lento nunca, ¡una eternidad después de las doce!, parecía que nunca llegarían las dos para salir de ese odioso trabajo, ¡cómo lo detesto! Al final, no pude aguantar más y me escapé sin acabar de cumplir la jornada. Vine directamente - agregó sin contar toda la verdad- porque hoy me siento muy extraña, hasta culpable sin saber por qué... –ay añadió ya sin mucha fe- Quizás la doctora pueda ayudarme…”.




V.- en la pura calle



La psicóloga despistada, como ya era de esperar, no llegó tampoco a tiempo aquel día a su trabajo, su reloj detenido también la engañó a conciencia. Mucho stress, muchos casos, cada vez más crecientes y delirantes, de mujeres asustadas por las presiones cada vez más exigentes de la sociedad, maltratadas, explotadas, perseguidas… Colas interminables de seres autocompasivos llorando ríos salados de lágrimas que nunca llegaban a ninguna parte, demasiados problemas para reciclar en una sola mente... Ella misma también se sentía, a veces, como aquellas pacientes suyas, con ganas de abandonar el trabajo y dedicarse completamente a lo contrario, a evadirse de los problemas, con ganas de explotar y escapar por algún agujerito de tantas exigencias, con ganas de machacar todos los relojes y salir corriendo en cualquier dirección distinta a la que viene en los correos administrativos que recibe a diario, sus únicos remitentes…

Con estos pensamientos redundando en su cerebro, ya casi desensibilizado a tanto sufrimiento, la doctora salió a las escandalosas calles del centro y empezó a andar sin rumbo fijo para hacer tiempo, con la única compañía de un cuadernillo de cuadritos debajo del brazo… La gente, andando como en una inercia de manadas, la miraba extrañada porque, de vez en cuando y sin venir a cuento, simplemente daba saltitos a la pata coja o se tiraba a nadar en cuanta fuente cercana encontraban sus pasos idos.



Última edición por Aktea el Jue Feb 05, 2009 1:34 pm, editado 1 vez
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Jue Feb 05, 2009 1:44 am

¡Muy bueno Aktea!
Oye, tienes verdaderamente madera de escritora...

Abrazos
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Ety el Jue Feb 05, 2009 5:20 am

Repito un frase que he dejado en otros lares: "en caso de duda consultar a los poetas" y agrego, esto lo dijo Freud, cuando se dio cuenta que los poetas eran más sabios que los psicoanalistas.

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Jue Feb 05, 2009 1:37 pm


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Gracias, amigas!!!!!
Gracias siempre por vuestro apoyo, un aliciente muy bello de mi vida. ¡Las quiero mucho!
Un abrazo gigante que no acabe nunca nunca nunca
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Jue Feb 05, 2009 4:21 pm

Y que no acabe nunca esa inspiración...

Gracias a ti, Gloria.

Un abrazo,

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Jue Feb 26, 2009 7:30 am

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Y otro poemita sobre los motivos e incertidumbres de la comunicación escrita Wink

Espero que les guste


comunicando…



Señales de humo que nacen torcidas

y que acaban difuminándose

desde su indicio de llamada ardiendo,


tentativa de símbolos acordados

que luego el viento maneja

en su designio ciego,


incertidumbres agonizando

de incomunicación posible,


fruta de los incendios

que busca tu casa,


mi palabra...





Abrazos que nunca acaben
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Jue Feb 26, 2009 1:52 pm

Muy cierto, Aktea, a veces las palabras son como humareda buscando dónde situarse, quien la comprenda, quien las lea.

Bonito poema. Gracias por traerlo.

Un abrazo,
Amparo.
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ni me enteré de los carnavales...

Mensaje  Aktea el Lun Mar 02, 2009 2:04 am

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Última edición por Aktea el Jue Abr 01, 2010 10:01 pm, editado 2 veces
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Lun Mar 02, 2009 1:54 pm

¡AKTEAAA!!!!!

Por el humo se sabe dónde está el fuego y por tus hermosos versos sabemos...que andas un poco depre, tú, sin animarte ni con los carnavales...¿Qué ocurre? La vida te ofrece lo que buscas, sólo es cuestión de trabajar para encontrarlo. Deja ya de acurrucarte en el susurro de sueños imposibles y mírate en el espejo de lo real: el mundo está poblado por seres humanos, con sus grandezas y sus miserias. Acéptalos como son, no pidas más de lo que pueden ofrecer, no ofrezcas más de lo que pueden recibir...y vive. La felicidad está dentro de ti, no puedes pretender que alguien te la ofrezca si antes tú no la has encontrado en tu interior. Luego intenta compartirla y verás los resultados.

¡VIVEEEEE!!!!

Un abrazo,
Damablanca.
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Aktea el Mar Mar 03, 2009 10:19 am

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Te comprendo, Dama, y está claro que tengo que quitarme este sueño de la cabeza porque ya me empieza a doler más de la cuenta... Pero lo hago por puro pragmatismo, por supervivencia, más que porque considere que la filosofía de la aceptación sea la más adecuada. Cuando uno es tan romántico y rebelde, tan cronopio... aspiras a hacer real lo que parece imposible, juegas a experimentar con la belleza de la rosa sin importarte las espinas crueles, encuentras tu felicidad tratando de descubrir todos los misterios, estudiando el material de que están hechos los bordes de los límites, descubriéndote mejor a ti mismo en ese viaje hacia el otro.

Yo no creo que la felicidad esté en mi interior esperándome, no es un corazón o una vesícula... La felicidad es sólo el efecto maravilloso de los placeres de la vida sobre nuestras neuronas. En mi vida hay muchas felicidades, mis niñitas maravillosas, mis amigos queridos, los libros y mis escritos, mi tierra chiquita tan bella que hasta duele, mis plantas y la música... Yo los vivo cada vez con más consciencia porque me doy cuenta de lo difícil que es, en los tiempos que corren, tener tanta fortuna. Pero hay un placer de la vida que, para mi, es central y que se me lleva resistiendo durante mucho tiempo... el Amor, ese vínculo especial con otra persona que me ha hecho experimentar los momentos más felices de mi vida.

La felicidad mayor de mi vida, en definitiva, la hallé siempre buscando fuera de mi y entregándome en cuerpo y alma en esa búsqueda. Si no daba resultado, cambiaba la dirección o el objeto de deseo y seguía, sufría pero seguía aprendiendo y enriqueciéndome. Si daba resultado, daba saltos de alegría y me sentía como la-mujer-más-feliz-del-mundo. Es sencillo, unas veces se gana y otras se pierde, y ahora tocó romper ligaduras para poder seguir avanzando en el descubrimiento de más mundos... Pero es normal que me sienta amargada porque fue mucho el placer que viví. El mal de amores lo llaman porque duele mucho sentir algo tan bello e intenso y luego perderlo ¡para siempre! Es como morirse uno un poco también. Ya nunca volverás a ser esa mitad tan perfectamente integrada dentro de un milagro. Sí, habrán otras experiencias, otras flores más bonitas que oler y mirar... pero aquella rosa roja tan plena con su terciopelo único, con su irrepetible aroma, aquélla que ni siquiera se llamaba rosa sino que tenía su nombre propio... aquélla se marchitó para siempre y recordarla siempre nos dejará en el alma un resto de nostalgia, esa tristeza que produce el vacío de todo lo hermoso que un día dejamos atrás.

Aquí disiento totalmente hasta de Serrat cuando dice "nuca es triste a verdad"... falso, falso, falso... como mienten todos los boleros!! Wink Gracias por escucharme y darme apoyo, amiga... Esta casita verde es otra de las felicidades de mi vida... y el mayor de los placeres ha sido el saberla siempre llena de amistad y comprensión, entregada, sin horarios ni limites tampoco, como los mejores amores... Gracias, gracias, millones de gracias y el mismo voto de siempre... muchos abrazos ¡¡y que no acaben nunca!!

Les quiere mucho

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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Damablanca el Mar Mar 03, 2009 4:16 pm

La felicidad mayor de mi vida, en definitiva, la hallé siempre buscando fuera de mi

¿Te das cuenta, querida Aktea que pones en manos de otros tu felicidad?

No ames a quien no te ama, ámale como ser que está en este mundo digno de ser amado, pero no pongas tu ilusión, tu empeño y tus alientos, esfuerzos e ilusiones en perseguir una sombra... ¿Recuerdas la leyenda de Béquer sobre el rayo de luna? Es digno de ser amado quien te ama y te lo demuestra, quien se comporta como una piedra sólida y no como un frágil y etéreo rayo de luna...ya sé que es difícil ¡si lo sabré yo!...

Abrazos,
Damablanca.
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Re: ... con el corazón del mar

Mensaje  Ety el Mar Mar 03, 2009 4:57 pm

Gloria, hay un libro de Igor Caruso, que fue una osicoanalista vienes. El lirbo se llama La Separación de los Amantes. No es un documento de autoayuda, al contrario es un ensayo muy complejo acerca de lo que implica perder un amor en vida y el dolor que este conlleve, como mujer y como antropóloga creo que te sería muy útil.

No cura el dolor, para eso no sirven los libros y menos los cinetíficos, pero te premite entender lo que sucede dentro de tí, además te hará sentir acompañada. Es como si alguien muy cercano estuviera a tu lado sabiendo lo que sientes.

Un beso y todo mi apoyo.

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