"El balbuceo poético y el amoroso se parecen"

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"El balbuceo poético y el amoroso se parecen"

Mensaje  Damablanca el Sáb Nov 19, 2011 4:19 pm

Pese a su sempiterno aspecto de estudiante de facultad de Humanidades, Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es uno de los grandes de la literatura española. Presente en todas las listas que escogen a los mejores narradores menores de 40 años (Bogotá 39, Granta), ganador del premio de la crítica 2010 por su novela El viajero del siglo, ha demostrado que se atreve con todos los géneros y formatos (novelas largas y cortas, cuentos y microcuentos, poesía y ensayo, traducciones y blogs), como si fuera un decatleta de la literatura aunque él prefiere calificarse, simplemente, de "culo inquieto, porque para atleta me faltan músculos". Residente en Granada, hijo de una violinista y un oboísta, el incansable Neuman, tan argentino como español, ofrece ahora Hacerse el muerto (Páginas de Espuma), en apariencia un inofensivo libro de relatos.

La estructura temática (y formal) hace pensar en una idea previa de libro unitario. ¿Es así?
Me gustan los libros con un concepto de fondo, siempre que ese concepto sea el fruto de una búsqueda, y no de un propósito inicial. Pienso que improvisando, si hay suerte, puede llegarse a una idea. Cumpliendo un plan se llega, como mucho, a un prejuicio.

Aborda usted la muerte empezando por una broma macabra y acabando por algo que pocos se atreven a hacer: pedir perdón a sus enemigos.
Los primeros textos proponen distintas aproximaciones a la muerte: históricas, oníricas, humorísticas, familiares.... Como un catálogo de preguntas acerca de nuestra desaparición. Es curioso que tengamos tantas dudas ante nuestra única certeza. El personaje de un cuento ha perdido a su pareja y piensa: si ya no tengo amor, ¿de qué me sirve el odio? Pero sus buenas intenciones se tuercen.

Aunque parezca mentira, El fusilado está basado en un hecho real, ¿no?
Un hecho real con forma de pesadilla. El protagonista recuerda a Daniel Moyano, narrador argentino, que sufrió un simulacro de fusilamiento, tortura muy del gusto de la dictadura patria y también de la guerra civil española. Más allá de la denuncia obvia de aquella atrocidad, lo que a mí me interesaba era preguntarme: ¿en qué estado queda alguien que creyó parpadear por última vez y sigue viviendo? ¿Qué clase de conciencia póstuma le queda?

Hay mucho sentido del humor. Uno llega hasta a reírse, por ejemplo, en Un suicida risueño, Vidas instantáneas, o el final de Conversación en los urinarios. ¿Usted también?
Me alegra que compartiera ese humor, porque al ser un libro duro necesitaba ser también divertido. Para mí lo cómico se mide con lo trágico, lucha contra ello. Es como el personaje de Un suicida risueño, que no logra dispararse porque le tiembla el pulso y se muere de risa. Recuerdo haberme reído al escribir el diálogo de los dos filósofos en el baño, que debaten mientras mean. Me daba ganas de ir a mear, digo filosofar, con ellos.

El libro entero está dedicado a su madre, pero en especial Una silla para alguien. ¿Qué importancia tuvo ella en tu vocación literaria? Aborda usted aquí hechos dramáticos en su vida, la enfermedad o muerte de sus padres, ¿siente que se ha desnudado más que en otros libros?
Mi madre era violinista. Ojalá que, si en mi prosa hay alguna música, salga de su violín. Su enfermedad fue tan rápida que le impidió usar una silla de ruedas. Ella pasó de negarse, porque le parecía una humillación, a desearlo como la única forma de pasear. No hubo tiempo. Escribí el cuento para que diéramos ese paseo. Mi padre estuvo a punto de morir hace años. Yo esperaba frente al quirófano. Me dieron sus zapatos en una bolsa de basura. Y supe que esos zapatos iban a estar en mis pies. Pienso que nuestra infancia termina cuando nuestros padres se vuelven débiles. Algo de esa certeza hay en el libro.

Su visión de la familia en Sinopsis del hogar es no sé si desesperanzada o realista. ¿Usted qué cree?
¿No es lo mismo?

Los cuentos de amor son especialmente emotivos, y en uno de ellos el narrador dice "no sé", como si fuera de expresión torpe pero en realidad consigue así expresar lo inefable.
Quizás el balbuceo amoroso y el poético se parecen: un no saber cómo nombrar lo que se siente. Siempre me ha interesado narrar los amores que tropiezan, que brillan a duras penas. No hay amor más verdadero que el torpe.

¿Qué le seduce de los anuncios por palabras?
Esos anuncios me parecen un ejercicio supremo de micronarrativa: ¡contar quién eres y describir tus deseos en veinte palabras! Se me ocurrió escribir un cuento con ese formato, inventando a sus anunciantes. No sé si los anuncios por palabras surtirán efecto, pero me conmueve verlos todos juntos en la misma página de un diario: tanta gente sola, tan cerca y tan lejos, suplicando compañía.

Hay un enorme trabajo formal en este libro, aunque el lector no se aperciba. ¿Un cuento es, en el fondo, 100% forma? ¿Se prueba a sí mismo en retos formales como, por ejemplo, Policial cubista?
No sé si un texto literario es todo forma, pero estoy convencido de que su forma afecta al 100% del contenido. Me parece imposible abstraer el estilo del argumento. Muchas veces lo memorable de una historia es su lenguaje, su voz. Me interesa la forma en que los géneros se retuercen, se convierten en otra cosa. Y, como soy un narrador más rarito que policíaco, pensé: pues que el crimen sea cubista. Y que Picasso me perdone.

Es usted un narrador clásico y posmoderno a la vez, por ejemplo, Juan, José le colocaría, si fuera norteamericano, con la tropa de Foster Wallace, ¿no?
Disfruto no sabiendo cómo escribo, averiguándolo mientras lo hago. La curiosidad es más importante que las etiquetas. A veces parece que, si te proclamas algo, ya lo eres. Las estéticas hay que merecerlas.

¿Algunos cuentos son obra del Neuman poeta? No sé: Hacerse el muerto, Las cosas que no hacemos... son una prosa luminosa.
Los cuentos breves tienen cierta condición anfibia: participan de la narratividad del personaje, del argumento, y a la vez condensan mucho, metaforizan, se acercan al poema. De los géneros literarios, lo mismo que de los países, prefiero la frontera.

¿Puede comentar la tendencia a mezclar filosofía y sexo de algunos de sus personajes?
Cuando un personaje filosofa todo el rato, como lector no me lo creo. Pero que follen durante treinta páginas tampoco me parece posible, qué más quisiéramos. Encuentro más atractivo mezclar lo conceptual y lo físico, lo sublime y lo escatológico. Que un personaje pueda hablar de Kant y luego limpiarse el culo. La realidad es así de desprejuiciada.

Hay originales sorpresas, que aparecen como minas a lo largo de las páginas. Pero no solo está usted entre Poe y Chéjov, sino entre muchos otros cuentistas, ¿verdad? ¿Cuáles?
Admiro a muchos: Arreola, Felisberto, O'Connor, Moore, Onetti... Pero me da un poco de vergüenza invocarlos, porque nombrando a los maestros parece que te los agencias.

Los monólogos son casi todos de personajes muy lejanos a usted, incluso claramente antipáticos o repulsivos. ¿Por qué?
Gracias por suponer que no soy repulsivo. A veces reducimos la primera persona al ombligo del autor, cuando la ficción tiene también el poder contrario: el de convertirnos en otros. Para narrar la historia de un hijo de puta, pienso que lo más honesto es dejarlo hablar, explicar sus razones. Quizás hasta descubrimos que son como las nuestras.

El apartado Breve alegato contra el naturalismo podría ser un libro aparte, aunque minúsculo. ¿Qué unifica estas cinco historias tan cuidadas?
Es una breve serie de cuentos que hablan, de manera humorística, sobre el lenguaje literario: cómo observamos, cómo nombramos, cómo narramos, cómo editamos. Me gustaría aprender del personaje del último cuento, que cada mañana al levantarse desconoce su idioma. Pronuncia sílabas incomprensibles, y poco a poco va redescubriendo el léxico. Creo que la literatura funciona un poco así: volviendo asombrosas las palabras de siempre.
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