Gabriel García Márquez

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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Miér Abr 14, 2010 3:50 am

El Nobel de literatura colombiano García Márquez dona una guayabera a un museo cubano


El Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, donó una guayabera al Museo Provincial de la ciudad cubana de Sancti Spíritus, donde ya hay unas cien prendas similares del ex presidente Fidel Castro y otras personalidades, informaron hoy medios oficiales.

La guayabera del novelista, que será expuesta desde el sábado próximo, fue entregada por su esposa, Mercedes Barcha, al escritor Senel Paz, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por medio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, creada por García Marquez.

Fidel Castro donó para esa colección la guayabera blanca por la que sustituyó por primera vez en público su histórico uniforme verde olivo, en la IV Cumbre Iberoamericana, celebrada en la ciudad colombiana de Cartagena en 1994.

Medios oficiales cubanos han publicado que la idea de Castro de usar esa prenda tropical en aquella ocasión le fue sugerida por su amigo García Márquez.

El "Proyecto Cultural La Guayabera" de Sancti Spíritus, a 350 kilómetros al sureste de La Habana, también tiene prendas del actual presidente cubano, general Raúl Castro, y del fallecido Nobel de Literatura guatemalteco, Miguel Ángel Asturias.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, donó el año pasado al museo una guayabera roja que le regaló su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva.
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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Dom Jun 06, 2010 7:16 pm

"Cien años de soledad" de "Gabo" será traducido a la lengua indígena wayuunaiki

"Cien años de soledad", la obra cumbre del premio Nobel de Literatura en 1982, Gabriel García Márquez, será traducida en menos de un año a la lengua wayuunaiki de los indígenas Wayúu, que comparten la frontera norte entre Colombia y Venezuela, informó hoy el encargado de la traducción, Félix Carrillo.

La lengua de los indígenas wayuu de La Guajira de Colombia y El Zulia de Venezuela será el número 36 al que es traducida la obra de "Gabo", para lo cual los gestores del proyecto cultural ya tienen el aval del novelista.

La ministra colombiana de Cultura, Paula Marcela Moreno, indicó que el wayuunaiki es una de las lenguas más vivas del país y por eso la importancia de iniciar ese proyecto.

El trabajo estará a cargo también de algunos indígenas wayuu de Colombia y Venezuela, bajo la coordinación de Carrillo, recordado por conseguir la inclusión de la categoría vallenato cumbia en los premios Grammy Latinos.

Carrillo indicó además que ya tienen preparados los trámites legales y administrativos para que en menos de un año los wayuu puedan leer en su lengua esa obra de Gabriel García Márquez, de la cual también se hará un producto audiovisual.
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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Mar Ago 17, 2010 12:05 am

Rescatan a 'Crónica', la revista de Gabriel García Márquez y sus amigos


Un valioso rescate para la literatura y el periodismo colombiano hace la Universidad del Norte, con la publicación de un texto sobre Crónica, la revista de Gabriel García Márquez y sus amigos del afamado Grupo de Barranquilla.

El semanario circuló los sábados en la capital del Atlántico, desde el 29 de abril de 1950 hasta junio de 1951, con la dirección de su creador, Alfonso Fuenmayor, y la jefatura de redacción del futuro Premio Nobel de Literatura, que le puso el eslogan de 'Su mejor week-end'.

"Era una mezcla de literatura y deportes, especialmente fútbol, porque era la época del Dorado, y eso acaparaba la atención de los aficionados", contó en una ocasión don Germán Vargas Cantillo, miembro del consejo de redacción y uno de los tres amigos inseparables de Gabo, al lado de Álvaro Cepeda Samudio y Fuenmayor.

En Crónica, cuyo valor por unidad era de 10 centavos, se traducían textos de figuras de la literatura extranjera que el país desconocía, pero que eran leídos por esos jóvenes talentosos que vivían en Barranquilla. Allí, salió por primera vez para Colombia el cuento Emma Zunz, de Jorge Luis Borges.

El rector de la Universidad del Norte, Jesús Ferro, en la presentación del texto reconoce que la idea del rescate de buena parte de Crónica surgió en diálogos con 'Tita', la viuda de Cepeda, hace una década, y fue vital el aporte del francés Jacques Gilard, que guardó seis revistas. El libro será presentado el próximo jueves, en la Feria del Libro de Bogotá (5 p.m., salón Tomás Carrasquilla 2).
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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Miér Oct 06, 2010 1:07 am

Lanza García Márquez “Yo no vengo a decir un discurso” este mes

El libro incluye 22 textos para ser leídos por él en público. Recorren las obsesiones de toda su vida.


El escritor colombiano Gabriel García Márquez lanzará el próximo 29 de octubre, luego de seis años tras su última publicación Memorias de mis putas tristes, su nuevo libro de memorias titulado Yo no vengo a decir un discurso, que saldrá bajo el sello de la editorial Mondadori.

La nueva publicación cuenta con veintidós textos escritos a lo largo de la vida del autor de Cien años de soledad para ser leídos en público y que saldrán a la venta de manera simultánea en España y en Latinoamerica.

Yo no vengo a decir un discurso, es la frase que eligió García Márquez como título de este libro, como una advertencia que hace a sus compañeros en su época como escolar desde las primeras líneas.

Los textos, en su mayoría inéditos, sintetizan también las obsesiones del premio Nobel de Literatura de 1982 como escritor, periodista y en ocasiones emulan el recuerdo de algunos de sus grandes amigos como Julio Cortázar o Álvaro Mutis.

La obra también recoge temas que le han preocupado, como los problemas de su país, el peligro nuclear, el desastre ecológico, el futuro de la juventud, la educación en América Latina, entre otros.

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En horabuena Gabo. Ya esperábamos una nueva publicación.

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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Jue Oct 28, 2010 5:29 pm

Les dejo uno de los relatos del nuevo libro de García Márquez, "Yo no Vengo a Decir un Discurso", que saldrá a la venta en estos días.

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Una naturaleza distinta en un mundo distinto al nuestro

Santafé de Bogotá, Colombia, 12 de abril de 1996

La primera vez que oí hablar de los militares fue a una edad muy temprana, cuando mi abuelo me hizo un relato escalofriante de lo que entonces se llamó la matanza de las bananeras. Es decir: la represión a bala de una manifestación de obreros colombianos de la United Fruit Company, arrinconada en la estación del ferrocarril de Ciénaga. Mi abuelo, platero de oficio y liberal de hueso colorado, había merecido su grado de coronel en la Guerra de los Mil Días, en las filas del general Rafael Uribe Uribe, y por esos méritos había asistido a la firma del tratado de Neerlandia, que puso término a medio siglo de guerras civiles formales. Frente a él, al otro lado de la mesa, estaba el mayor de sus hijos, en su condición de parlamentario conservador.

Creo que mi visión del drama de las bananeras contado por él fue la más intensa de mis primeros años, y también la más perdurable. Tanto, que ahora la recuerdo como un tema obsesivo de mi familia y sus amigos a lo largo de mi infancia, que de algún modo condicionó para siempre nuestras vidas. Pero, además, tuvo una enorme trascendencia histórica, porque precipitó el final de más de cuarenta años de hegemonías, y sin duda influyó en la organización posterior de la carrera militar.

Sin embargo, a mí me marcó para siempre por otra razón que ahora viene al caso: fue la primera imagen que tuve de los militares, y habían de pasar muchos años no sólo para que empezara a cambiarla, sino apenas para que empezara a reducirla a sus justas proporciones. En realidad, a pesar de mis esfuerzos conscientes por conjurarla, nunca he tenido la oportunidad de conversar con más de media docena de militares en cincuenta años, y con muy pocos logré ser espontáneo y desprevenido. La impresión de incertidumbres recíprocas entorpeció siempre nuestros encuentros, nunca pude superar la idea de que las palabras no significaban lo mismo para ellos que para mí, y que a fin de cuentas no teníamos nada de que hablar.

No se crean que fui indiferente a ese problema. Al contrario: es una de mis grandes frustraciones. Siempre me pregunté dónde estaba la falla, si en los militares o en mí, y cómo sería posible derribar aquel baluarte de incomunicación. No sería fácil. En los dos primeros años de Derecho de la Universidad Nacional –cuando yo tenía diecinueve– fueron mis condiscípulos dos tenientes del Ejército. (Y bien quisiera que fueran algunos de ustedes.) Llegaban con sus uniformes idénticos, impecables, siempre juntos y puntuales. Se sentaban aparte, y eran los alumnos más serios y metódicos, pero siempre me pareció que estaban en un mundo distinto del nuestro. Si uno les dirigía la palabra, eran atentos y amables; pero de un formalismo invencible: no decían más de lo que se les preguntaba. En tiempos de exámenes, los civiles nos dividíamos en grupos de cuatro para estudiar en los cafés, nos encontrábamos en los bailes de los sábados, en las pedreas estudiantiles, en las cantinas mansas y los burdeles lúgubres de la época, pero nunca nos encontramos ni por casualidad con nuestros compañeros militares.

Era imposible no pensar en conclusión que tenían una naturaleza distinta. Por lo general, los hijos de los militares son militares, viven en sus barrios propios, se reúnen en sus casinos y en sus clubes, y sus mundos transcurren de puertas para dentro. No era fácil encontrarlos en los cafés, raras veces en el cine, y tenían un halo misterioso que permitía reconocerlos aunque estuvieran de civil. El mismo carácter de su oficio los ha vuelto nómades, y esto les ha dado la oportunidad de conocer al país hasta en sus últimos rincones, por dentro y por fuera, como ningún otro compatriota, pero por su propia voluntad no tienen el derecho de votar. Por un deber elemental de buena educación he aprendido infinidad de veces a reconocer sus insignias para no equivocarme al saludarlos, y más he demorado en aprenderlo que en olvidarlo.

Algunos amigos que me conocen estos prejuicios piensan que esta visita es lo más raro que he hecho en mi vida. Al contrario, mi obsesión por los distintos modos del poder es más que literaria –casi antropológica– desde que mi abuelo me contó la tragedia de Ciénaga. Muchas veces me he preguntado si no es ése el origen de una franja temática que atraviesa por el centro de todos mis libros. En La hojarasca, que es la convalescencia del pueblo después del éxodo de las bananeras, en el coronel que no tenía quien le escribiera, en La mala hora, que es una reflexión sobre la utilización de los militares para una causa política, en el coronel Aureliano Buendía, que escribía versos en el fragor de sus treinta y tres guerras, y en el patriarca de doscientos y tantos años que nunca aprendió a escribir. Del primero hasta el último de esos libros –y espero que en muchos otros del futuro– hay toda una vida de preguntas sobre la índole del poder.

Creo, no obstante, que mi verdadera toma de conciencia sobre todo esto empezó cuando escribía Cien años de soledad. Lo que más me alentaba entonces era la posibilidad de reivindicación histórica de las víctimas de la tragedia, contra la Historia oficial que la proclamaba como una victoria de la ley y el orden. Pero fue imposible: no pude encontrar ningún testimonio directo ni remoto de que los muertos hubieran sido más de siete, y que el tamaño del drama no había sido el que andaba suelto en la memoria colectiva. Lo cual, por supuesto, no disminuía para nada la magnitud de la catástrofe dentro del tamaño del país.

Ustedes podrían preguntarme, con toda razón, por qué en lugar de relatarla en sus proporciones reales, la magnifiqué hasta el tamaño de tres mil muertos que fueron transportados en un tren de doscientos vagones para arrojarlos en el mar. La razón, en clave de poesía, es simple: yo estaba trabajando en una dimensión en la cual el episodio de las bananeras no era ya un horror histórico de ninguna parte sino un suceso de proporciones míticas, donde las víctimas no eran iguales y los verdugos no tenían ya ni cara ni nombre, y tal vez nadie era inocente. De aquella desmesura me vino el viejo patriarca que arrastraba su potra solitaria en un palacio lleno de vacas.

¿Cómo podía ser de otro modo? La única criatura mítica que ha producido la América Latina es el dictador militar de fines del siglo pasado y principios del actual. Muchos de ellos, por cierto, caudillos liberales que terminaron convertidos en tiranos bárbaros. Estoy convencido de que si el coronel Aureliano Buendía hubiera ganado siquiera una de sus treinta y seis guerras, habría sido uno de ellos.

Sin embargo, cuando cumplí el sueño de escribir los últimos días del libertador Simón Bolívar en El general en su laberinto, tuve que torcerle el cuello al cisne de la invención. Se trataba de un hombre de carne y hueso de talla descomunal que libraba la batalla contra su cuerpo devastado, sin más testigos que el séquito de jóvenes militares que lo acompañaron en todas sus guerras y habían de acompañarlo hasta la muerte. Tenía que saber cómo era en realidad, y cómo era cada uno de ellos, y creo haberlo descubierto lo más cerca posible en las cartas reveladoras y fascinantes del libertador. Creo, con toda humildad, que El general en su laberinto es un testimonio histórico envuelto en las galas irresistibles de la poesía.

Es sobre estos enigmas de la literatura sobre los que me gustaría proseguir ahora con ustedes el diálogo que otros amigos han iniciado en estos días. Quienes lo han alentado de la parte militar saben que no soy extraño a esa idea necesaria, y que mi único deseo es que prospere. Cada quien ha conversado sobre su especialidad. Yo no tengo ninguna distinta de las letras, y aun en ésta soy un empírico sin ninguna formación académica, pero sí me siento capaz de enrolarlos a ustedes en las huestes no siempre pacíficas de la literatura. Para empezar, quiero dejarles sólo una frase: "Creo que las vidas de todos nosotros serían mejores si cada uno de ustedes llevara siempre un libro en su morral".



El nuevo libro de Gabriel García Márquez, Yo no vengo a decir un discurso, estará en librerías a partir de este jueves. Son 22 textos seleccionados por el premio Nobel de Literatura 1982 que recorren 63 años. Va de aquel primer discurso que en 1944, a los 17 años, pronunció para despedir a sus compañeros del curso superior en Zapaquirá, hasta el de 2007, en Cartagena, cuando se conmemoró su cuádruple aniversario: su cumpleaños 80, los 25 años del haber obtenido el máximo galardón literario, las cuatro décadas de Cien años de soledad, y los 60 años desde que publicó su primer cuento. Con autorización de la editorial Random-House Mondadori ofrecemos a nuestros lectores este texto incluido en el volumen, "Una naturaleza distinta en un mundo distinto al nuestro", fechado en Santa Fe de Bogotá, Colombia, el 12 de abril de 1996
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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Vie Dic 10, 2010 1:10 am

Traducirán al ruso obras García Márquez




'Cien años de soledad', la obra cumbre del escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, será traducida al ruso en enero de 2011, anunció la portavoz de la editorial moscovita AST, Elena Kalina.

La vocera señaló que luego de 10 años de negociaciones con García Márquez, éste dio su consentimiento para que se publicara su obra de manera legal en Rusia. El autor consideraba que el mercado de libros de aquella nación estaba plagado de ediciones pirata.

Luego de la publicación de 'Cien años de soledad', traducido por
Margarita Bilinkinaya hace 40 años, cuando causó furor en la entonces Unión Soviética, le seguirán 'El general en su laberinto' y 'El amor en los tiempos del cólera'.

La editora moscovita adquirió los derechos para la publicación en su traducción al ruso un total de 10 novelas y relatos de Gabriel García Márquez, así como de sus cuentos, artículos y memorias que nunca antes habían sido traducidas en Rusia.

Las autoridades soviéticas nunca entablaron negociaciones con la agente literaria Carmen Balcells, quien posee los derechos sobre las obras del colombiano, ya que la legislación vigente en la Unión Soviética en materia de derechos de autor contemplaba la publicación libre de todo lo escrito antes de 1973.

En el caso de 'Cien años de soledad', fue publicada en 1967, por lo que todavía entraba dentro de esta normativa, pero todas las obras escritas por este escritor considerado como uno de los máximos representantes del realismo mágico, después de 1973, fueron publicadas en Rusia de forma ilegal.
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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Damablanca el Vie Dic 10, 2010 2:10 am

Es que Gabo es absolutamente universal.

Gracias por el artículo, Ety.

Bss

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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Ety el Jue Feb 03, 2011 12:12 am

Muere hermano de Gabriel García Márquez

Abelardo García Ureta, de 89 años de edad, falleció en Colombia y fue sepultado
en el puerto de Barranquilla durante el fin de semana




CIUDAD DE MÉXICO, 31 de enero.- Abelardo García Ureta, medio hermano del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, falleció a los 89 años de edad en Colombia y fue sepultado en el puerto de Barranquilla durante el fin de semana.

“Era muy allegado a todos nosotros, pero especialmente a los mayores. Gabito lo quiso mucho porque Abelardo fue muy especial”, señaló Aída García Márquez, hermana del escritor al diario El Tiempo.

De acuerdo a el diario en su versión electrónica, García Urueta padecía desde hace dos años, una enfermedad, de la cual, los familiares no quisieron detallar.

Gabriel García Márquez, quien reside actualmente en México, no acudió al sepelio.
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Re: Gabriel García Márquez

Mensaje  Damablanca el Jue Feb 03, 2011 12:59 pm

Descanse en paz.

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